Series

Una purga sin sorpresas y desaprovechada

CRITICA

Lunes 20 de octubre de 2014

‘Anarchy: La noche de las bestias’ vuelve a repetir propuesta tras su predecesora ‘The purge: La noche de las bestias’ sin dar sensación de novedad y con un resultado poco convincente.



La idea que nació con ‘The purge: La noche de las bestias’ (2013), donde una vez al año se lleva a cabo una purga donde la ley no existe y se permite cualquier acto criminal, llamó la atención en un público que vio una trama original de la que podía salir una película interesante sobre un mundo sin leyes donde todo vale, pero el resultado no fue, ni mucho menos, el esperado.

Esta vez, con la secuela ‘Anarchy: La noche de las bestias’, se mejoran algunos aspectos pero se termina cayendo en el mismo error que en su predecesora: un argumento sin sorpresas y un resultado final del que se podría haber esperado mucho más, dando la sensación de una oportunidad perdida y desaprovechada.

La película, con un ese escenario original de un futuro próximo con un sistema del Estado peculiar (estilo ‘Juegos del hambre’ o la más reciente ‘Divergente’) donde una noche al año todo vale, se repite en las fórmulas mil veces vistas de un film de supervivencia en medio del caos, donde un grupo de personajes lucha por sobrevivir en un ambiente hostil y apocalíptico. Termina siendo el mismo perro con distinto collar. Un envoltorio atractivo con una idea no vista hasta entonces y que promete, pero que por dentro te ofrece las mismas promesas de antaño, con los ‘déjà vu’ de siempre, dentro de este tipo de trabajos apocalípticos (con cientos de ejemplos, algunos de ellos recientes como la saga ‘Trasnformers’ o ‘Guerra Mundial Z’).

Tal vez sea yo, pero da la sensación de que la trama se desarrolla con el freno de mano puesto, sin dar rienda suelta al caos y a la destrucción que podría derivarse de la idea tan anárquica que se desprende, a priori, de la cinta. En un escenario semejante se espera más locura, más sorpresas, más fuerza, más (si me apuras) sangre. No parece que el equipo del film ni su director, James DeMonaco, se haya dejado llevar ni rompido las ataduras lo suficiente.

Al margen de esa decepción general que a uno le queda en el cuerpo de oportunidad desaprovechada, el film podrá ejercer su función básica de entretenimiento con los ingredientes clásicos y repetitivos de las películas de supervivencia. Aunque se corre el riesgo de que haya espectadores que terminen cansándose de ver siempre lo mismo, lo que les llevará a perder el interés por unos personajes por los que difícilmente uno puede sentirse identificado.

La trama girará en torno a tres historias diferentes (una humilde camarera y su hija, una pareja a punto de divorciarse y un hombre solitario y misterioso al que se le dan muy bien las armas) cuyos destinos se cruzarán precisamente en esta noche de caos. Los personajes de las mismas, con perfiles muy difuminados y sin apenas identidad, son absorbidos por la noche de la purga (la que, al fin y al cabo, marca las pautas del film) como simples marionetas que gritan y luchan por sobrevivir a una noche de pesadilla. En definitiva, unos personajes que no aportan nada y por los que es muy difícil (sino imposible) identificarse, casi invitando al espectador a sentir mayor simpatía por los asesinos y bestias que andan sueltos, personajes aún más difusos pero que terminan apropiándose del escaso interés del film.

Nada más que decir. Quien tenga curiosidad por ver la secuela de una idea por segunda vez desaprovechada, adelante, quizá distraiga y cumpla su cometido en su hora y media de duración. Pero seguro que a muy pocos sorprenderá y a muchos decepcionará.


Noticias relacionadas