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CRITICA

La violencia como vía de escape

La violencia como vía de escape

lunes 20 de octubre de 2014, 20:48h

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‘Un toque de violencia‘, la nueva película de Jia Zhang-Ke ofrece un retrato crudo de la China contemporánea con la violencia como recurso de sus protagonistas.

En medio de paisajes desoladores y fríos, el director chino de 44 años nos presenta cuatro historietas protagonizadas por personajes de distintos perfiles que vivirán situaciones límite en las que se verán obligados a ejercer ‘toques’ de violencia como única vía de escape. Una idea que contrasta con el país asiático como gran potencia económica, que lentamente se va viendo erosionada por la violencia imperante en sus propias fronteras.

Zhang-Ke nos introduce de lleno en el film con una introducción ya de por sí impactante que anuncia el tono inquietante y desgarrador que tendrá la película a lo largo de sus 133 minutos de duración. El director logrará con maestría ponernos en la piel de sus protagonistas hasta el punto de llegar a comprender, en algunos casos, los motivos por los que estas personas se ven condicionadas a recurrir a la violencia. Y decimos en algunos casos porque no todas las situaciones que en el film se representan podrían, a priori, justificar el empleo de la violencia.

Este hecho invita al espectador a que se plantee algunas cuestiones sobre el tema principal del film. ¿Es la violencia en ciertas situaciones, y por desgracia, el mejor remedio? ¿No existe siempre otra salida o solución que no sea el empleo de la fuerza bruta, el tomarse la justicia por su mano? ¿Pero, y sí la persona en cuestión estuviera en peligro o se viera amenazada por alguna injusticia? ¿No es una opción que, para bien o para mal, no deja siempre de estar ahí? Cuestiones sin duda alguna escalofriantes, pero que el ambiente y mundo desesperanzador que Zhang-Ke retrata obligan inevitablemente a que el espectador termine por plantearse alguna de estas cuestiones, sino otras. Porque lo que está claro es que esta cinta invita a reflexionar, a pensar un segundo sobre el uso de la violencia y sus consecuencias, un tema por desgracia siempre presente y de actualidad. Y que una película te haga pararte aunque sea un segundo a pensar (en este caso bastantes) ya es digno de elogio.

Al margen del tema principal del film, que queda bastante claro no solo en su título sino también en los primeros minutos de largometraje, cabe señalar que la trama que más atrapa (todas atrapan, pero en mayor o menor intensidad) es quizá la primera de las historias al tratar un tema de inmensa actualidad, no solo en China sino en el mundo entero (y más concretamente en España): la corrupción. El protagonista de esta primera narración, interpretado por un tal Jiang Wu que no lo hace nada mal, vive en un pueblo en el que impera la corrupción, realidad de la que es consciente y que parece no aprobar en ningún caso. Dahai, que así se llama el personaje, tiende siempre a preocuparse más de los demás que de sí mismo y todo hace indicar que no tardará en perder la paciencia ante tales injusticias que se viven de primera mano en su pueblo. ¿Qué sucederá? Evitaré dar más pistas pero sabiendo de qué trata el film no hay que ser adivino para intuirlo. La cuestión es que, durante esta primera historia de ‘Un toque de violencia’, uno no puede evitar pensar (por lo menos yo): ¿Qué no terminará pasando esto de verdad algún día? Reflexión inquietante, pero como digo, los ambientes y tramas que el director utiliza, también guionista de la cinta por cierto, invitan a tener tales pensamientos desesperanzadores.

Pero vayamos con algún aspecto más positivo del film, como es su tremenda fotografía. Ésta es empleada con gran maestría en cada plano, dejando claro Zhang-Ke que tiene un sello muy característico y una más que perfilada personalidad. Destacan sobre todo los grandes planos generales donde se muestran fascinantes paisajes, tanto naturales como urbanos, que parecen directamente sacados de un museo, demostrándose como el cine es también (cuando quiere y está en buenas manos) arte. Hasta los paisajes más desoladores del film logran tener su propia belleza gracias a la genial técnica de su director, lo cual es mucho decir.

En cuanto al guión, Zhang-Ke vuelve a hacer gala de sus grandes dones como cineasta para traernos unos diálogos elaborados de una forma muy natural y amena, lo que hace fluir la trama con mucha sencillez y suavidad, sin dificultad alguna para el espectador y manteniendo al mismo tiempo la profundidad del tema principal del film, comentado al principio. No faltarán los diálogos emotivos y tensos.

Estamos, en definitiva, ante una obra notable en ejecución técnica con una trama que atrapa gracias a un tema siempre recurrente en el cine (pero no siempre ejecutado de esta forma tan satisfactoria) y actual como es la violencia. Un retrato crudo de la China contemporánea cuyas líneas de acción pueden extrapolarse a cualquier otro lugar del planeta tierra. No es un film para reír ni ir de buenas (advertencia a los delicados a la sangre, porque la hay, y mucha), pero sí que es una buena pieza para reflexionar y dejar su poso en el espectador.

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